Atenas me sorprendió

Actualizado: 1 dic 2020

Atenas es una ciudad que va a sorprenderte desde el minuto cero en que la pisas… Y con esto me refiero a que cuando llegás a su aeropuerto verás lo pequeño y sin vueltas que es. Salvo que tus maletas tarden en salir, en menos de treinta minutos deberías estar fuera para emprender tu viaje hacia la ciudad. Aprendé mas sobre cómo moverte en el aeropuerto.

A mí Atenas me sorprendió el doble ya que al planear mi viaje, que iba a ser largo, sinceramente subestimé lo que la ciudad tenía para mostrarme y enseñarme. Mi gran aventura consistía en visitar todos aquellos lugares como las islas y los pueblos en donde aún se bailan ritmos tradicionales, los cuales había estados 15 años aprendiendo, y Atenas no estaba en la lista. Además ̈ es una ciudad, qué tiene de especial¨ decía.


De esa manera llegué, sin planes concretos, ni fechas programadas, pero sí sabiendo que en pocos días ya me iba a alguna isla o a algún pueblo a encontrar eso que venía a buscar. Mi viaje era de tres meses, eso me ayudó realmente a no apurarme y dejar que los sucesos me sorprendan y decidan por mí. Tuve el agregado, y no menos importante, que en la ciudad iba a tener la ayuda de un local para moverme y que me cuente sobre Atenas en español, eso es algo muy valioso en Grecia como en cualquier lado al que uno vaya. Lo primero que conocí fue el monte Likavitós, ̈ es el monte más alto que tiene Atenas¨, me dijo. Fue de esa manera que vi por primera vez la ciudad desde arriba y no pude creerlo. Me gustó tanto que al día siguiente volví a subir.


Los primeros días fueron de reconocimiento, bueno, hasta hoy aún me siento a veces en reconocimiento. Atenas no es fácil de entender, nunca confíes en una calle paralela, casi ni existen y la verdad es que te vas a perder en más de una ocasión. De esa manera es como conocí mi barrio, yendo al supermercado a tres cuadras y tardando 15 minutos en volver porque ̈ tomé una paralela ̈. Pero es la mejor forma de conocer y descubrir lugares. Además tenés un punto a favor: ¿Si te perdés... qué te puede pasar de malo? Nada!


Antes de pasear por los barrios típicos a los que todos te recomiendan ir (y no se equivocan) me llevaron a pasear por la costa. ¿Atenas tiene costa? ¿No tenía que esperar a ir a una isla para poner mis pies dentro del Mar Egeo? Eso no podía creerlo. Me acuerdo que el día estaba nublado, no iba a ser un día de playa (aunque tranquilamente podría haber sido) pero creo que fue el clima ideal, el sol no pegaba directo en el agua y pude ver, como pocas veces hasta ese momento en mi vida, el agua transparente, las piedritas de colores debajo del mar y mis pies ahí, felices de que los esté viendo moverse como niños pequeños que juegan queriendo captar la atención de sus padres…


Mis siguientes días los dediqué a los barrios de Plaka, Anafiótika y Monastiraki. Amaba perderme por ahí tomando un frappé y me estaba dando cuenta lo bello que era el barrio antiguo de Atenas: sus calles angostas, sus pequeñas casas a veces de colores, el verde de pequeñas plazas y ¿el plus? Caminar y caminar y que a cada rato cuando miraba hacia arriba veía el Partenón. Caminé tanto por esa zona, que ya conocía desde abajo todos los lados del templo. Empecé hasta a tenerle respeto y no quería subir así como así, quería sentir la necesidad de hacerlo y no solo visitarlo porque es una de las atracciones turísticas más importantes del país (y del mundo cabe señalar), sino porque quería sentirme ¨lista¨. El día llegó casi dos semanas después de mi llegada, aprovechamos que los sitios arqueológicos tenían entrada gratuita (conocé esos días) y ahí fué que me dejé maravillar por la magia de ese lugar... ¿Cuál fue mi experiencia al subir? Eso queda para otro momento.


Así es como la ciudad me seguía sorprendiendo cada día más, lugares que iba descubriendo, historia, cultura pero lo que me terminó de enamorar fue su día a día: música y ambiente de fiesta casi todas las noches de la semana. Claro, yo iba a buscar justamente eso fuera de Atenas y la verdad es que al ser ciudad, mucha parte de lo que me gusta se concentra acá. Y así fue como paseaba sola por la mágica noche de Atenas y me encontraba con una taberna con música en vivo y gente bailando. Me tomaba una cerveza, escuchaba un poco de música, quizá hasta me atrevía a bailar y seguía mi paseo.


Ahí estaba entonces todo lo que amé de la ciudad y que tanto me atrajo, y eso fue muy difícil de olvidar cuando mi viaje terminó y volví a casa.


Atenas puede ser una ciudad distinta a las demás ciudades europeas, te puede parecer un poco caótica y desprolija, pero la belleza de sus rincones, la sensación de libertad y la magia de las noches tanto de verano como de invierno, no vas a verlo ni sentirlo en ningún otro lado del mundo.






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